El misterioso arte de la poesía



No creo que exista senda de mayor importancia en la búsqueda del hombre que la poesía. A través de ella nos acercamos al verdadero misterio de la creación. Ser poeta es lidiar con el misterio, desgarrarse la carne con el espíritu hacia lo divino, hacia la visión de nuestra naturaleza humana. La poesía es la más porfiada y la más certera actividad del hombre en su lucha por desentrañar el misterio de lo creado. Es la madre de la filosofía y, por ende, de todas las ciencias. La filosofía —un camino que también conduce al mismo afán— se encuentra, en sus pacientes escarceos, lejanamente distanciada del resplandor que es la meta. Y todo ello porque prescinde del arte, de jugar con el misterio, de crear un misterio sobre otro misterio para arrancar la luz de la concatenación de oscuridades.

Cuando la poesía que uno lee es auténtica, toca el fondo de uno mismo, allí donde se esconde el sentido oculto de la existencia, y parece acercarnos a lo trascendente, al eslabón perdido con la divinidad.

La poesía que emociona, que “toca el fondo”, se basa en dos cimientos imprescindibles que no se pueden soslayar: el contenido, el mensaje, el hecho que se desea trasmitir; y la forma, la manera en que se quiere plasmar el pensamiento. Ambos cimientos están condicionados, no por una convención del hombre, sino por la naturaleza misma de lo poético: el contenido debe contener misterio, y la forma debe contener música. Aclarando que el misterio no significa turbiedad; ni la música, ritmo edulcorado. El poeta, como un ciego, debe andar en la sombra sin caer en el abismo, y tiene la misión de llegar a su destino en cada poema; y, así mismo, como un bailarín honesto, debe danzar sin caer en el mecanicismo de sus pasos, y tiene la misión de encontrar su propio ritmo, el lenguaje que armonice con su pensamiento poético.

Por todas estas razones es que el estudio de un buen poema, requiere ser indagado en fondo y forma, para encontrar en la amalgama el verdadero placer estético. Encontrando los sutiles lazos que producen la armonía de la obra, se logra abarcar toda su belleza.


.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Nazim Hikmet

Nazim Hikmet




Reseña biográfica  

Nazım Hikmet Ran (Salónica, Imperio otomano, 20 de noviembre de 1901 - Moscú, 3 de junio de 1963) . Gracias a que su abuelo fue poeta, su padre diplomático y su madre pintora, creció en un ambiente familiar intelectual. Está considerado en Occidente el poeta más importante en lengua turca del siglo XX. Estudió en un colegio francés y a los 19 años viajó a Moscú donde estudió Ciencias Políticas y profundizó su interés sobre el comunismo, del que fue siempre ferviente practicante.
Alternó la lucha política con la publicación de obras de teatro, novelas y varios poemarios, entre los que sobresalen "Y van 3" en 1930, "Telegrama nocturno" en 1932, y "La ciudad que perdió la voz" en 1933. En los años siguientes continuó con la lucha antifascista, publicó "La epopeya de Sheik Bedreddin" en 1936 y a partir de 1940 cumplió una larga condena hasta 1950, cuando fue liberado.
En 1952 se radicó definitivamente en Moscú, y en 1957 publicó su más famosa obra "Duro oficio el exilio". Falleció en Moscú en 1963, como ciudadano polaco.

Hikmet abandonó las formas métricas tradicionales de la poesía turca en busca de nuevas formas de expresión. Esta búsqueda formal alcanzó su momento culminante durante sus primeros años en la URSS, entre 1922 y 1925. En esta época comenzó a utilizar el verso libre. Su obra está muy influenciada por la poesía de Maiakovski y de los futuristas rusos.

La obra de Hikmet se caracteriza por el compromiso político. Uno de sus poemas, traducido al inglés como "I Come and Stand at Every Door", musicalizado por varios cantautores norteamericanos (entre ellos Pete Seeger y los Byrds, en cuyo disco Fifth Dimension figura la canción), da la palabra a un niño de siete años fallecido en Hiroshima, y es uno de los más duros alegatos contra la guerra jamás escritos.


Palabras del poeta:
«Hoy en día, utilizo todas las formas. Escribo tanto siguiendo la métrica de la literatura popular como con rima. (...) Escribo también en lengua hablada, en su expresión más simple, sin métrica ni rima. Hablo tanto de amor como de paz, de revolución y vida, de la felicidad, del destino, de la esperanza y la desesperación. Quiero que todo lo que es propio del hombre lo sea de mi poesía. Quiero que el que me lea pueda encontrar, en mí o en nosotros, la expresión de todos sus sentimientos. Que nos lea tanto cuando quiera leer un poema sobre el 1 de mayo, como cuando quiera oír hablar de su incomprendido amor. (...)



En el restaurante Astoria de Berlín

En el restaurante Astoria de Berlín
había una camarera
una chica como una gota de plata.
Por encima de las bandejas repletas me sonreía.
Se parecía a las chicas de mi perdido país.
Pero no sé por qué
a veces tenía ojeras.

No tuve suerte
no pude sentarme en las mesas que ella atendía.

Ningún día se sentó en las mesas que yo atendía.
Era un hombre entrado en años.
Parecía como si estuviera enfermo,
tomaba comida de régimen.
Estaba muy triste y me miraba
pero no sabía alemán.
Tres meses vino a desayunar, comer y cenar,
luego desapareció.
Puede que volviera a su país
o que no volviera y haya muerto.

23 de julio de 1959



Comentario de José Manuel Sáiz
Realizado en el foro Alaire 

Me gusta mucho este poema. Y cuánto más lo leo, más me gusta.
Me gusta su estilo limpio, escueto, lacónico, anti-metáfora, anti-adornos, anti-aderezos. El poema no describe, no sublima, no ensalza… Simplemente esboza, sugiere, alude; es el lector el que imagina la vida de los personajes y le da su propia interpretación y desenlace, pero el poema hace que esa interpretación sea poética, porque la cadencia es poética. No es tanta la poesía que encierra en sí mismo como la que despierta en el lector afín con el estilo.


Respuesta de Óscar Distéfano
¿Sabes, José Manuel, que cuando vi tu nombre como comentarista de este poema no me sorprendí? Estabas en primera fila de los que pudieran gustar de este delicado y exquisito poema. Conociendo tu poesía, tu poética, tu visión poética. Me gusta mucho el análisis que has hecho sobre este trabajo. Es muy agudo, muy acertado en desnudar su esencia. A mí me sorprendió muy gratamente esa técnica de utilizar dos voces poéticas, desde ópticas tan opuestas. Y me emocionó ese roce de destinos que, sin embargo, nunca pudieron cruzarse, esa fría manifestación de la existencia, absolutamente ajena a los sentimientos, a los anhelos de calor humano del hombre. Ah, el poema me trajo reminiscencias de Cavafis (por su característica urbana e intimista), otro enorme poeta con sangre turca.


*


La niña muerta

Soy quién golpea a tu puerta
A todas las puertas, a todas las puertas
Pero ustedes no pueden contemplarme
Es imposible ver a un niño muerto
Hace diez años largos he muerto en Hiroshima
Pero sigo teniendo siete años
Los niños muertos dejan de crecer
Al principio se inflamaron mis cabellos
Mis manos y mis ojos ardieron después
Me convertí en un puñado de cenizas
Que el viento dispersó
Nada, nada les pido para mí
No podrían mimarme aunque quisieran
Una niña que ha ardido como si fuera papel
no come caramelos
Yo golpeo y golpeo a cada puerta:
Denme, denme una firma
Para que los niños no sean asesinados
y coman caramelos






No hay comentarios: