El misterioso arte de la poesía



No creo que exista senda de mayor importancia en la búsqueda del hombre que la poesía. A través de ella nos acercamos al verdadero misterio de la creación. Ser poeta es lidiar con el misterio, desgarrarse la carne con el espíritu hacia lo divino, hacia la visión de nuestra naturaleza humana. La poesía es la más porfiada y la más certera actividad del hombre en su lucha por desentrañar el misterio de lo creado. Es la madre de la filosofía y, por ende, de todas las ciencias. La filosofía —un camino que también conduce al mismo afán— se encuentra, en sus pacientes escarceos, lejanamente distanciada del resplandor que es la meta. Y todo ello porque prescinde del arte, de jugar con el misterio, de crear un misterio sobre otro misterio para arrancar la luz de la concatenación de oscuridades.

Cuando la poesía que uno lee es auténtica, toca el fondo de uno mismo, allí donde se esconde el sentido oculto de la existencia, y parece acercarnos a lo trascendente, al eslabón perdido con la divinidad.

La poesía que emociona, que “toca el fondo”, se basa en dos cimientos imprescindibles que no se pueden soslayar: el contenido, el mensaje, el hecho que se desea trasmitir; y la forma, la manera en que se quiere plasmar el pensamiento. Ambos cimientos están condicionados, no por una convención del hombre, sino por la naturaleza misma de lo poético: el contenido debe contener misterio, y la forma debe contener música. Aclarando que el misterio no significa turbiedad; ni la música, ritmo edulcorado. El poeta, como un ciego, debe andar en la sombra sin caer en el abismo, y tiene la misión de llegar a su destino en cada poema; y, así mismo, como un bailarín honesto, debe danzar sin caer en el mecanicismo de sus pasos, y tiene la misión de encontrar su propio ritmo, el lenguaje que armonice con su pensamiento poético.

Por todas estas razones es que el estudio de un buen poema, requiere ser indagado en fondo y forma, para encontrar en la amalgama el verdadero placer estético. Encontrando los sutiles lazos que producen la armonía de la obra, se logra abarcar toda su belleza.


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lunes, 28 de diciembre de 2015

Chairil Anwar




(26 de julio de 1922 en Medan - 28 de abril del 1949 en Yakarta), poeta indonesio. Se estima que Chairil ha compuesto alrededor de 96 trabajos líricos y cerca de 70 poemas en su corta trayectoria.
Su madre, en 1940 decidió mudarse con él a Batavia donde Chairil empezó a entrar en contacto con los círculos literarios locales. En 1942 publicó su primer poema y siguió escribiendo hasta el día de su muerte. Algunos de sus poemas fueron censurados por los japoneses ya que, en aquella época de transición social y política, Japón invadía Indonesia.
Su vida despreocupada y libre de ataduras, rebelde y acusado de plagio en alguna de sus obras, Chairil Anwar adoptó un estilo único en sus escrituras en las cuales se aprecia el tema recurrente de la muerte y todo lo relacionado a dicho fenómeno. Aún se debaten las causas de su muerte.
Descrito por sus amigos y conocidos, aunque era alguien sensible a su manera, su arrogancia y poca educación le hacían una persona difícil de comprender o de convivir con ella.
Su estilo está considerado por muchos como atmosférico, cargado de imágenes, símbolos, recursos literarios y, a veces, pesimismo. El tema recurrente en sus obras es la muerte.
Era un poeta excéntrico y fue acusado de igual manera de cleptomanía y, otra de sus manías era la de siempre estar enfermo o cansado.



POEMAS


Yo

Cuando llegue la hora
Yo no quiero que nadie me llore
Ni siquiera tú

Para qué todos esos llantos

Heme aquí, animal salvaje
Expulsado de la manada.

Aunque las balas me atraviesen
Enfurecido continuaré

Llevando heridas y veneno en mi carrera
En mi carrera
Hasta que el dolor desaparezca

Y nada me importe ya
Y todo me sea indiferente

Quiero vivir mil años más




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