El misterioso arte de la poesía



No creo que exista senda de mayor importancia en la búsqueda del hombre que la poesía. A través de ella nos acercamos al verdadero misterio de la creación. Ser poeta es lidiar con el misterio, desgarrarse la carne con el espíritu hacia lo divino, hacia la visión de nuestra naturaleza humana. La poesía es la más porfiada y la más certera actividad del hombre en su lucha por desentrañar el misterio de lo creado. Es la madre de la filosofía y, por ende, de todas las ciencias. La filosofía —un camino que también conduce al mismo afán— se encuentra, en sus pacientes escarceos, lejanamente distanciada del resplandor que es la meta. Y todo ello porque prescinde del arte, de jugar con el misterio, de crear un misterio sobre otro misterio para arrancar la luz de la concatenación de oscuridades.

Cuando la poesía que uno lee es auténtica, toca el fondo de uno mismo, allí donde se esconde el sentido oculto de la existencia, y parece acercarnos a lo trascendente, al eslabón perdido con la divinidad.

La poesía que emociona, que “toca el fondo”, se basa en dos cimientos imprescindibles que no se pueden soslayar: el contenido, el mensaje, el hecho que se desea trasmitir; y la forma, la manera en que se quiere plasmar el pensamiento. Ambos cimientos están condicionados, no por una convención del hombre, sino por la naturaleza misma de lo poético: el contenido debe contener misterio, y la forma debe contener música. Aclarando que el misterio no significa turbiedad; ni la música, ritmo edulcorado. El poeta, como un ciego, debe andar en la sombra sin caer en el abismo, y tiene la misión de llegar a su destino en cada poema; y, así mismo, como un bailarín honesto, debe danzar sin caer en el mecanicismo de sus pasos, y tiene la misión de encontrar su propio ritmo, el lenguaje que armonice con su pensamiento poético.

Por todas estas razones es que el estudio de un buen poema, requiere ser indagado en fondo y forma, para encontrar en la amalgama el verdadero placer estético. Encontrando los sutiles lazos que producen la armonía de la obra, se logra abarcar toda su belleza.


.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Análisis de un poema de J. J. M. Ferreiro



Cuando hasta las palabras sienten.

Y siempre solo, nunca me resuelvo
en la próxima luz del día
o en la tardía noche de la sombra.
Tampoco consigo saldar
haber soñado
la proporción más dulce de lo tuyo,

eso que pide ser la ofrenda de la lluvia,
por su invasión,
la humedad acariciadora,
por su llama de vida, el inmanente trazo,
por el alimento de tierra interminable
con el que tú me entregas el amor...

la nieve o pluma de recuerdos
que los días escombran en las sienes,
el halo de belleza que fulgura
cuando hasta las palabras sienten.

Contenido

Este argumento poético es la descripción de un estado existencial: la soledad. Sobre este concepto gira todo el poema, aunque nítidamente podría catalogarse como un poema de amor, pues está escrito en segunda persona, donde ese tú es la persona amada. Sin embargo, el discurso no se refiere a la naturaleza de ese amor, sino a la imposibilidad de una comunión total y trascendente, todo ello por causa de la tiranía de la soledad. No se trata, entonces, de una soledad como consecuencia de algún tipo de aislamiento social. Esta es una soledad que se puede sentir, no obstante se encuentre uno rodeado de personas. Es una soledad que se siente más allá del amor; es decir, amando y siendo amado. Porque, cuando la voz poética dice: “con el que tú me entregas el amor...”, no nos da a entender un desamor, una ausencia del ser amado, sino todo lo contrario. Estando acompañado, el poeta no se siente satisfecho, pese a las gracias recibidas de la vida y del amor. Y quiero suponer que el “tempus fugit”, esa conciencia atormentada ante el irrevocable paso del tiempo, es, si no la causa única, la causa primera y principal de tal inquisición del espíritu. Luego, podríamos reconocer ese estado de soledad como una fatalidad, una predestinación del hombre, ya que el poeta en ese significativo verso que produce la circularidad: “cuando hasta las palabras sienten”, nos proporciona la idea de la inviolable individualidad que lo aísla interiormente de sus semejantes. No quisiera creer que este suceso psíquico abarque sólo a los poetas; prefiero generalizar, y decir que engloba a todos los seres humanos.
El poema es intimista, más abiertamente franco al despliegue del sentimiento, más autobiográfico, lo cual contagia de esa emoción que uno siente ante la cotidianeidad.
El lenguaje es metafórico sin complejidad. La voz poética se desprende de la tentación de una simbología exclusiva y personal, para valerse de símbolos, imágenes, metáforas, etc., mucho más universales, y lograr una comunicación completa (en forma y fondo) con el sujeto receptor del poema. El cofre, al ser abierto, se nos presenta con las cualidades de una abstracción semánticamente perceptible, y descifrable según los códigos diferentes de cada lector. Se genera, entonces, el placer del despliegue polisémico en la conciencia.


Estructura formal

Escansión de sílabas

Cuando hasta las palabras sienten. (9)

Y siempre solo, nunca me resuelvo (11)
en la próxima luz del día (9)
o en la tardía noche de la sombra. (11)
Tampoco consigo saldar (9)
haber soñado (5)
la proporción más dulce de lo tuyo, (11)

eso que pide ser la ofrenda de la lluvia, (7+7) alejandrino, o (13)
por su invasión, (5)
la humedad acariciadora, (9)
por su llama de vida, el inmanente trazo, (7+7) alejandrino, o (13)
por el alimento de tierra interminable (13)
con el que tú me entregas el amor... (11)

la nieve o pluma de recuerdos (9)
que los días escombran en las sienes, (11)
el halo de belleza que fulgura (11)
cuando hasta las palabras sienten. (9)

Para avanzar en el análisis, iré desgranando los detalles formales que he podido visualizar, sin entrar en un rigor académico. Las características principales que resaltan de esta observación, podrían ser las siguientes:

La circularidad. El poema termina con un verso que le da el título; es decir que termina donde empezó. Esta circularidad crea la sensación de un movimiento perpetuo, lo cual acompaña al mensaje que trata sobre una disconformidad existencial que se asevera es inextinguible.

Los versos estrictamente endecasilábicos, donde el límite (el verso más largo) es el alejandrino. Conociendo al autor (que mantiene registros de los más variados en cuanto a ritmo), parece regresar un poco de la complejidad del versículo (o de los versos yuxtapuestos), volviendo al verso libre ya clásico hoy día (aquél que se ha desprendido de la silva), donde el apoyo rítmico se circunscribe a la entonación acentual, y cantidad de sílabas que no salen del molde imparisílabo. Notablemente, esta estructura formal sencilla coincide con el argumento racionalmente accesible (no muy usual en el estilo de nuestro autor). Podríamos, incluso, percibir que tal fenómeno es el resultado de una imbricación, si no consciente, intuitivamente buscada por la vasta experiencia que el poeta tiene en el arte de poetizar.

Siempre me llama la atención la verbalización de sustantivos. En este caso: escombran (suena muy fuerte, muy bello).

La idea, el sentimiento que necesita ser trasmitido, se enfrenta, debido a su claridad conceptual, a un desafío ante el lenguaje. Esta idea debe ser poesía y no prosa; debe, ante todo, mediante la utilización del lenguaje poético especializado, alejarse lo más que pueda de las características rítmicamente asépticas de la prosa. Aquí, las figuras retóricas, tanto como los emparejamientos o apareamientos, están presentes y contribuyen determinantemente a esa diferenciación. Aquí van algunos ejemplos (he advertido que existen muchos más detalles estructurales en este poema que, con mayor empeño analítico se podrían descubrir):

-Y siempre solo, nunca me resuelvo
Antítesis o Contraste: es la oposición de dos ideas empleando palabras antónimas o frases de significado contrario. Enfatiza la idea y musicaliza la entonación.

-en la próxima luz del día
o en la tardía noche de la sombra.
Con una rápida inversión de sustantivos, se logra un paralelismo sintáctico perfecto:

en la próxima luz del día
o en la tardía sombra de la noche.

Además, estos versos están enriquecidos también por las antítesis: próxima/tardía, luz/sombra, día/noche. Este paralelismo le proporciona una unidad granítica al carácter poético de los versos.

-la humedad acariciadora
cuando hasta las palabras sienten
Personificación o Prosopopeya: atribuye una cualidad propia del ser humano a una idea abstracta. Crea un agradable sobresalto en el espíritu.

-por su invasión,
la humedad acariciadora,
por su llama de vida, el inmanente trazo,
por el alimento de tierra interminable
Anáfora: repetición intencionada de palabras al comienzo de los versos. Aumenta considerablemente la musicalidad del poema.

-eso que pide ser la ofrenda de la lluvia,
por su invasión,
la humedad acariciadora,
por su llama de vida, el inmanente trazo,
por el alimento de tierra interminable
con el que tú me entregas el amor...

En esta segunda estrofa, me encuentro con una particularidad muy llamativa e importante, ya que acentúa enormemente el carácter poético del texto. La recurrencia artículo-preposición (la/el-por), indubitablemente, crea un emparejamiento (fenómeno descubierto por Samuel Levin en el año 1962), donde la recurrencia (que es la base de todo ritmo), se da en el plano sintagmático. Son tres cláusulas que desempeñan idéntica función gramatical, y crean la magia del lenguaje especializadamente poético, que lo diferencia y lo aleja de la prosa.

-la nieve o pluma de recuerdos
que los días escombran en las sienes
Metáfora: identifica un término real con otro imaginario. En este ejemplo, la metáfora es bastante compleja. Pero, nos atrevemos a relacionar la pérdida de valor de los recuerdos con el paso del tiempo.

-haber soñado
la proporción más dulce de lo tuyo
Encabalgamiento: consiste en no terminar las frases al final del verso sino en el siguiente. En este ejemplo, se trata de un encabalgamiento que vuelve más suave el ritmo, porque el verso encabalgado abarca la totalidad de su longitud métrica.

-la nieve o pluma de recuerdos
que los días escombran en las sienes,
el halo de belleza que fulgura
cuando hasta las palabras sienten.
Rima asonante en la última estrofa. Esto refuerza la energía rítmica en el remate del poema.

Hasta aquí he llegado con este modesto análisis de este trabajo. En resumen, diría que se trata de un emblemático texto, rico en elementos poéticos, ejemplar en su línea evolutiva de la poesía tradicional, valioso para los que amamos la poesía.


2 comentarios:

José Juan Martínez Ferreiro dijo...

Joer, Óscar no sabía yo de este magnífico trabajo que haces con uno de mis poemas.
Gracias, querido amigo. Es todo un honor.

Es un lujo haberte concocido (por lo menos virtualmente) y poder disfrutar de estos maravillosos estudios "versales"

Un muy fuerte abrazo.

Óscar Distéfano dijo...


No hay de qué, poeta. El agradecido soy yo por tu visita a mi blog.
Un abrazo grande.