El misterioso arte de la poesía



No creo que exista senda de mayor importancia en la búsqueda del hombre que la poesía. A través de ella nos acercamos al verdadero misterio de la creación. Ser poeta es lidiar con el misterio, desgarrarse la carne con el espíritu hacia lo divino, hacia la visión de nuestra naturaleza humana. La poesía es la más porfiada y la más certera actividad del hombre en su lucha por desentrañar el misterio de lo creado. Es la madre de la filosofía y, por ende, de todas las ciencias. La filosofía —un camino que también conduce al mismo afán— se encuentra, en sus pacientes escarceos, lejanamente distanciada del resplandor que es la meta. Y todo ello porque prescinde del arte, de jugar con el misterio, de crear un misterio sobre otro misterio para arrancar la luz de la concatenación de oscuridades.

Cuando la poesía que uno lee es auténtica, toca el fondo de uno mismo, allí donde se esconde el sentido oculto de la existencia, y parece acercarnos a lo trascendente, al eslabón perdido con la divinidad.

La poesía que emociona, que “toca el fondo”, se basa en dos cimientos imprescindibles que no se pueden soslayar: el contenido, el mensaje, el hecho que se desea trasmitir; y la forma, la manera en que se quiere plasmar el pensamiento. Ambos cimientos están condicionados, no por una convención del hombre, sino por la naturaleza misma de lo poético: el contenido debe contener misterio, y la forma debe contener música. Aclarando que el misterio no significa turbiedad; ni la música, ritmo edulcorado. El poeta, como un ciego, debe andar en la sombra sin caer en el abismo, y tiene la misión de llegar a su destino en cada poema; y, así mismo, como un bailarín honesto, debe danzar sin caer en el mecanicismo de sus pasos, y tiene la misión de encontrar su propio ritmo, el lenguaje que armonice con su pensamiento poético.

Por todas estas razones es que el estudio de un buen poema, requiere ser indagado en fondo y forma, para encontrar en la amalgama el verdadero placer estético. Encontrando los sutiles lazos que producen la armonía de la obra, se logra abarcar toda su belleza.


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lunes, 20 de julio de 2015

Análisis formal de un poema de Antonio Justel


Para estas horas

compañera, podría parecer como si este día bronco
hubiera llegado dispuesto a exterminarnos del alma la sed
y la memoria;
… y, sin embargo, algún amor quedará sobre la mesa, alguna melodía
que se resista a morir, aquí y allá algún espejo roto o ajado,
siempre algún cariño rodando, algún beso último,
tal vez el primero;
... que esta amistad mía te dure; la que quiero cuidar y llevar en el pecho
contra todas las noches y propósitos, contra la propia muerte,
que te dure siempre, siempre;
y no, no te quedes sola frente al río,
pues la paz del agua destruye y besa, y luego, también, al recordarse;
... amiga, partamos, no importa;
ya ves, libres, cual viento mismo, con afecto nos reconocen y reciben los álamos;
[…y al marchar va la sangre serena,
pero dándose golpes tintinean las hojas y los caballos del pecho tascan
contra los muros del corazón; contra ellos piafan, y airados, terriblemente airados,
una y otra vez, con furia, por el alma pugnan, se hostigan y encabritan]


Análisis

En este poema, de hondo contenido, por cierto, y cuyo aspecto no consideraremos en este trabajo, el compañero Antonio Justel ha roto con las reglas de la versificación tradicional. Digo que ha roto porque me consta el amplio conocimiento que posee sobre métrica, recursos poéticos, y cuanto detalle atañe al arte de la versificación preceptiva.
Estos versos libres de cualquier exigencia métrica, pero que mantienen el ritmo poético (condición ineludible para que exista el poema), yo lo veo encuadrado notoriamente en la forma del versículo. En efecto, careciendo de acentos en lugares fijos y mezclando las medidas más variadas, el poema se apoya en otro tipo de recursos para generar la cadencia.

Trataremos de respondernos a estas preguntas, haciendo la salvedad de que son criterios muy personales que quizás difieran de los de otros colegas:

1.- ¿En qué se diferencia un poema en versículos de la prosa?
2.- ¿En qué se diferencia un poema en versículos del verso libre?
3.- ¿Cómo se produce el ritmo del lenguaje poético en este poema?

1.- ¿En qué se diferencia un poema en versículos de la prosa?

En el versículo el ritmo se produce por el recurso de la repetición, que puede ser: de las mismas palabras, de esquemas gramaticales, de figuras retóricas, de rimas casuales, de rimas internas; se produce, también, por la creación de campos isotópicos gramaticales y/o semánticos (ritmo de pensamiento), manteniendo, por más que se trate de versos largos, el aspecto visual del verso; es decir, los finales de versos no se cortan en partículas, ni en palabras átonas, existe la pausa estrófica y versal, y los encabalgamientos siguen los patrones estéticos del verso tradicional. Nada de esto ocurre en la prosa.
En este punto quizás sea conveniente señalar que la prosa poética, que difiere claramente del versículo, utiliza algunos recursos del mismo; pero, su característica fundamental es el lirismo de la voz poética, lo cual la distancia diametralmente de la prosa, aunque en su aspecto general (carece de pausa versal) coinciden.

En esta composición de nuestro poeta, observamos todo tipo de repeticiones: semánticas, sintácticas y fonológicas, las cuales constituyen la armazón rítmica fundamental del poema.

Antes de seguir con el análisis, quiero sentar postura con respecto al efecto que causan en un poema las rimas internas. Yo pienso que en un poema tradicional con ritmo de timbre, cualquier otra rima próxima interfiere negativamente sobre la eufonía del verso, ya que apaga o anula los sonidos de la rima que pretendemos imponer a conciencia. Por ejemplo, las rimas internas en un soneto clásico resultan siempre desaconsejables, Pero, tratándose de un poema en versículos, las rimas internas (ya sean consonantes o asonantes) son fundamentales para lograr la armonía rítmica. Es decir que, un mismo recurso que en un tipo de poemas resulta desacertado, en otro tipo resulta altamente positivo.

2.- ¿En qué se diferencia un poema en versículos del verso libre?

Considero que la diferencia fundamental entre estos dos tipos de versos radica en el hecho de que el versículo se basa casi absolutamente en versos que escapan a la posibilidad de cualquier conteo métrico, en la repetición de ideas con diferentes imágenes en sintagmas consecutivos, y apela a todo tipo de recursos de repetición sin rubor alguno, distanciándose de la métrica, del ritmo acentual. Son versos amétricos, con utilización abundante de partículas (artículos, pronombres relativos, copulativos, preposiciones, etc., que son elementos, más bien, de la prosa); mientras que el verso libre, desprendido de los ritmos de timbre y de la isometría, se sostiene, más bien, en complejas formas polimétricas, manteniendo la esencia lírica del lenguaje poético y el ritmo de tono y acentual.

Quiero creer que el término “verso libre” se empleó, en el postulado de los que acuñaron dicho término, para caracterizar la métrica de un poema que abjuraba de la isometría. El ritmo de cantidad existe también en un poema polimétrico, toda vez que siga una distribución organizada de los versos (como sucede en la silva tradicional). Entonces, los creadores del verso libre lo que pretendían era, más bien, renegar de los versos con rima y de la misma cantidad de sílabas métricas, antes que renegar de la métrica misma. Juan Ramón Jiménez, por ejemplo, a quien se considera uno de los pioneros del verso libro en español, lo que hizo fue versificación polimétrica, casi siempre dentro de la familia imparisílaba. Muy raras veces ha mezclado versos pares con impares; y, cuando lo ha hecho, sus razones eran nuevamente métricas. Ejemplo: un verso de 12 sílabas que podía cortarse, gracias a una inteligente y bien disimulada cesura, en dos versos yuxtapuestos, ya sea 5+7 o 7+5.

Pero es innegable que, en muchos casos, estas dos formas se confunden. Sólo en el caso del poema que nos compete, puedo decir que tiene más características del versículo que del verso libre.

3.- ¿Cómo se produce el ritmo en el poema?

Hagamos un análisis por bloques, a fin de facilitar la disección:

compañera, podría parecer como si este día bronco
hubiera llegado dispuesto a exterminarnos del alma la sed
y la memoria;

En estos versos de arranque, el ritmo está claramente basado en dos parejas de rimas consonantes y dos asonantes. Los versos, que parecerían prosa, son, sin embargo, gracias a este recurso, musicales entramados de palabras. En este punto es importante resaltar que la consecución pudo haberse logrado sin intencionalidad manifiesta; es decir, que tal hecho se engendró gracias a la experiencia (la persistente gimnasia compositiva), a un procedimiento casi intuitivo (o, mecánico, si se prefiere) de la psiquis creadora, de un autor acostumbrado ya a cierto ritmo. Esta virtud es, pues, privativa de los poetas avezados que mucho han practicado el arte de la composición poética en su característica preceptiva, tradicional. Para decirlo de otra manera, creo que muchas de las asonancias internas no debieron estar expresamente buscadas por el autor, porque los sonidos asonantados “a-a”,”a-o”, “e-o”, “i-a”, etc. son tan frecuentes en castellano que, más que buscadas, parecen inevitables. Pero, la virtud de alcanzar la cadencia agradable se encuentra, creo yo, en la disposición armónica de estos sonidos. Es muy común ver en poetas principiantes “islas” de asonancias en sectores ilógicos de un poema. Bueno, éste no es el tal caso.

… y, sin embargo, algún amor quedará sobre la mesa, alguna melodía
que se resista a morir, aquí y allá algún espejo roto o ajado,
siempre algún cariño rodando, algún beso último,
tal vez el primero;

En este siguiente párrafo poético señalaremos cuatro tipos de repeticiones: de vocablo, sintáctica, de antítesis y fonológica. La primera es profusa, donde el adjetivo algún/a, se repiten cinco veces, formando paralelismos sintácticos que hacen ganar en intensidad rítmica; otra es la antítesis “aquí/allá”. Las antítesis se consideran, también, repeticiones, ya que se trata de una misma noción de algo contemplada positiva y negativamente. Y notamos la apoyatura fonológica de dos grupos de tres vocablos en rima asonante (embargo-ajado-rodando / espejo-beso-primero), más una pareja de asonantes muy próximas (melodía-resista). Todos estos recursos le otorgan a este párrafo una agradable cadencia. Luego, como fondo armónico, también llama la atención el hecho de que los agudos terminan en vocales diferentes entre sí, y diferentes al adjetivo repetido (amor-quedará-morir-tal vez), diferentes de “algún”. Esta pulcritud vocálica hace resaltar aún más el sonido de la vocal “u”.

... que esta amistad mía te dure; la que quiero cuidar y llevar en el pecho
contra todas las noches y propósitos, contra la propia muerte,
que te dure siempre, siempre;
y no, no te quedes sola frente al río,
pues la paz del agua destruye y besa, y luego, también, al recordarse;

En esta parte del poema encontramos varios recursos muy acertados, por cierto, para mantener el armónico ritmo del poema: repetición de la misma palabra, repetición de esquema gramatical “que te dure”, paralelismo: “contra todas las noches-contra la propia muerte”, rima consonante (cuidar-llevar), rimas asonantes (quiero-pecho / quedes-frente) y, en el último verso, el sutil recurso de la repetición vocálica en las sílabas tónicas (tres acentos que caen en vocales “a”, y tres en vocales “e”).

... amiga, partamos, no importa;
ya ves, libres, cual viento mismo, con afecto nos reconocen y reciben los álamos;
[…y al marchar va la sangre serena,
pero dándose golpes tintinean las hojas y los caballos del pecho tascan
contra los muros del corazón; contra ellos piafan, y airados, terriblemente airados,
una y otra vez, con furia, por el alma pugnan, se hostigan y encabritan]

En este cierre del poema, volvemos a encontrarnos con la repetición de la palabra “contra” (a más de "airados"), para crear singulares esquemas gramaticales, y un bien diseminado campo de rimas asonantes (libres-reciben / viento-afecto / marchar-va / serena-tintinean / tascan-piafan-alma / furia-pugnan / hostigan-encabritan) . Encontramos de nuevo una antítesis “una/otra”. También es destacable la profusión de verbos (se dice que el verbo es el alma de la oración) principalmente en el último verso, donde se yuxtaponen tres verbos con acentos en 1ª, 2ª y 3ª sílabas. Todos estos elementos (y otros que tal vez no haya yo detectado), utilizados armoniosamente, son los que le proporcionan a este poema amétrico, versicular, ese aire exquisitamente rítmico y musical, y muy agradable a la lectura, muy accesible a una buena entonación.

Por último, y para terminar con esta observación formal del poema, vemos la utilización de los corchetes, que advierten del cambio del discurso directo; y los puntos suspensivos en inicios de versos, que resultan como cláusulas desprendidas de ideas más generales, que dan la impresión de haber quedado tácitas en el poema. Un recurso más para vestir a este exquisito poema de un ropaje de indudable valor estético y, por ende, poético.



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