El misterioso arte de la poesía



No creo que exista senda de mayor importancia en la búsqueda del hombre que la poesía. A través de ella nos acercamos al verdadero misterio de la creación. Ser poeta es lidiar con el misterio, desgarrarse la carne con el espíritu hacia lo divino, hacia la visión de nuestra naturaleza humana. La poesía es la más porfiada y la más certera actividad del hombre en su lucha por desentrañar el misterio de lo creado. Es la madre de la filosofía y, por ende, de todas las ciencias. La filosofía —un camino que también conduce al mismo afán— se encuentra, en sus pacientes escarceos, lejanamente distanciada del resplandor que es la meta. Y todo ello porque prescinde del arte, de jugar con el misterio, de crear un misterio sobre otro misterio para arrancar la luz de la concatenación de oscuridades.

Cuando la poesía que uno lee es auténtica, toca el fondo de uno mismo, allí donde se esconde el sentido oculto de la existencia, y parece acercarnos a lo trascendente, al eslabón perdido con la divinidad.

La poesía que emociona, que “toca el fondo”, se basa en dos cimientos imprescindibles que no se pueden soslayar: el contenido, el mensaje, el hecho que se desea trasmitir; y la forma, la manera en que se quiere plasmar el pensamiento. Ambos cimientos están condicionados, no por una convención del hombre, sino por la naturaleza misma de lo poético: el contenido debe contener misterio, y la forma debe contener música. Aclarando que el misterio no significa turbiedad; ni la música, ritmo edulcorado. El poeta, como un ciego, debe andar en la sombra sin caer en el abismo, y tiene la misión de llegar a su destino en cada poema; y, así mismo, como un bailarín honesto, debe danzar sin caer en el mecanicismo de sus pasos, y tiene la misión de encontrar su propio ritmo, el lenguaje que armonice con su pensamiento poético.

Por todas estas razones es que el estudio de un buen poema, requiere ser indagado en fondo y forma, para encontrar en la amalgama el verdadero placer estético. Encontrando los sutiles lazos que producen la armonía de la obra, se logra abarcar toda su belleza.


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viernes, 17 de julio de 2015

Análisis del poema LA NIÑA QUE COMÍA FRESAS


Autor: José Manuel Sáiz


Mi abuelo hizo a mi madre, de pequeña,
una fotografía comiendo fresas en el campo.
Estaba recostada sobre la hierba, sonreía,
y había árboles, grandes, a lo lejos.
El día parecía hermoso, sereno (ya se sabe
que las niñas bonitas pintan, de azul, el cielo).

Mi abuelo en un segundo
retuvo aquel momento para siempre.

Ahora observo aquella foto
(mi presente escudriña en su pasado...)
Me fijo en esa niña, en esa imagen (¿cómo llamarle madre
a una chiquilla ajena y tan lejos aún de mí?) y reconstruyo
a partir de esa tarde y aquel instante, una película
con la historia lejana de su vida:
Megustanlasfresaspapá¿hesalidoguapa?mamáventengofrío
vamosacasaDespueslaguerraelmiedoyelhambre
elfusilamientodelabueloyelexilioenFrancia
lacartilladeracionamientoyelregresoaEspaña
lajuventudlaescuelaeltrabajodemodistaylasamigas
elencuentroconmipadrelaprimeracitaelprimerbeso
labodalosviajesaMadridminacimientoyeldemihermana
LacasaenHaroyVitorialamuertedemipadrelavidadura
lamuertedelaabuelaylanuevacasa…
…hasta el día en el que hallo en un cajón
la foto de una niña que come fresas en el campo.

De esa chiquilla tengo, dicen, los ojos y la boca
y un poco de su aspecto melancólico.
Y, cuando alguna vez,
le pido que me hable de aquella época, sus ojos, primero,
se iluminan, después se apagan, y luego, pensativa,
me dice que recuerda sobre todo
el amargo sabor de la posguerra.

En ese tiempo yo era, simplemente,
una imagen aún por revelar.

Ella sabe
que corre por mi sangre algo inabarcable de sí misma,
pero no sabe
que yo tengo, desde ese día,
un resto muy pequeño, pequeñísimo,
un átomo, no más, de aquellas fresas,
como un legado dulce de la vida, o la herencia de esa niña
en mis entrañas.


CONTENIDO

Del contenido de este poema sólo diré que existe un leimotiv poético universal, cual es el de rescatar el pasado. Todos quienes escribimos poemas hacemos esto. Y existen, a mi modo de entender, dos procedimientos creativos que hacen a dicho rescate. Con el propósito de explicar mejor esta afirmación, se me ocurre hacer una comparación entre la poesía de José Manuel Sáiz con la última poesía de Antonio Gamoneda. En ambos casos, esa recurrencia al pasado se torna esencial, siendo causa de experiencias emocionales muy fuertes, dolorosas, si se quiere, aunque no en forma de queja romántica, sino como si la añoranza se recargase de una resignada aceptación de las secuelas del paso del tiempo, para crear una poesía creíble, auténtica. Sólo difieren (y fundamentalmente, llegando a crear diletantes de uno u otro enfoque); sólo difieren, repito, en la forma de presentar el rescate autobiográfico. Gamoneda no hace referencias a recuerdos concretos, a historias anecdóticas; más bien, utiliza los datos del pasado como una estrella guiadora, como brújula del estro, como sucesos estimulantes para escarbar su psiquis poética del presente, y sacar todo lo que considera poéticamente válido, en forma de bloques semánticos que logran descubrimientos asombrosos en materia de metáforas y polisemias. En José Manuel Sáiz, los hechos del pasado son hechos reales, concretos, historias que aparecen con la nitidez de un libro de memorias (aunque es muy posible que estas historias estén retóricamente enriquecidas); para, a partir de ahí, construir su realidad poética. Y otra diferencia significativa sería el carácter de relato confesional con que nuestro poeta encara la composición. Gamoneda no relata, interpreta el pasado, lo utiliza como el alfarero la arcilla, moldeándolo según su impulso creativo. Ambas manifestaciones son absolutamente válidas, ambas son como "En busca del tiempo perdido", aunque es necesario recordar que la poesía de Gamoneda es más críptica, más adivinatoria, mientras que la de Sáiz es de un argumento poético de cuya interpretación él se hace cargo, él nos indica, él nos impone. Aunque esto no quiere decir que carezca de polisemia; al contrario, luego de terminar de leer este poema, uno se siente trasportado a sucesos semejantes de nuestra propia vida. En este punto, prescindimos del poema leído para crear nuestro propio poema, el que contenga anécdotas y emociones de nuestra vida. Sería como una extrapolación de impresiones, de realidades poéticas. Y, si me preguntasen cuál de estas propuestas elegiría, respondería que ambas, porque ambas son plataformas que la historia ha demostrado ser legítimas para acceder a la emoción poética. La poesía de Sáiz, sostenida sobre hechos anecdóticos, resulta en una poesía franca, auténtica, ya que rescata sentimientos genuinos dormidos en oscuros rincones de su memoria, cuya nostalgia y emoción nos contagian. La poesía de Sáiz es, no sólo una catarsis donde busca su afirmación existencial, sino una auténtica biografía poética donde la realidad imaginada se sublimiza, por necesidad, quizás, de conquistar esa atmósfera del pasado que considera, genéticamente, suya. Más allá de su sencillez narrativa, el tema planteado se presenta bastante complejo, ya que abarca fenómenos psicoanalíticos, como ese síndrome de inmortalidad que plantea a lomos de la genética, o ese encumbramiento extático de la figura materna, y que sólo un profesional de esta disciplina podría indagar con mayor profundidad. No obstante, nosotros intuimos que el texto contiene más de lo que se ve a simple vista, que un mundo interior volcánico se esconde detrás de los suaves versos, lo cual hace enriquecedor y enigmático el texto, alejándolo determinantemente de cualquier sospecha malintencionada de banalidad.
Esta estampa, aquí rescatada, gracias a una fotografía, donde la figura materna se hace de una sacralidad conmovedora, hace retemblar nuestra percepción del amor filial humano. Todos tenemos madres (algunas vivas todavía), y quien más quien menos guarda en su memoria una anécdota, un recuerdo amoroso, que hace saltar las trabas de ese atavismo milagroso que nos une con ellas. De ahí que, este paradigmático poema, adquiera dimensiones poéticas invalorables. El tema y el mensaje son, sencillamente, de un humanismo que contagia y brinda una paz mística.


FORMA

En cuanto a la valoración formal del poema, quisiera profundizar en todos los detalles que han llamado mi atención, porque he hallado singularidades que me han sorprendido sobremanera. Sinceramente, no pensé que la evolución del oficio poético de nuestro compañero fuese tan marcada. Hoy por hoy ha conquistado una técnica depurada. Este hecho, a mí, particularmente, me emociona y me llena de esperanzas, porque es triste ver a otros compañeros escribir exactamente igual año tras año, ingenuamente confrontados con la técnica.
En este punto, quizás sea conveniente exponer una importante consideración sobre el verso libre. El verso libre no es el verso que se rebela contra la métrica. En un porcentaje abrumador, los poetas escriben en verso libre luego de haber dominado los esquemas regulares, los moldes métricos que le permitieron memorizar unas secuencias de pensamiento poético, luego de acostumbrarse a elucubrar en un ritmo aprehendido. De esta convicción, podríamos deducir que, anteriormente, en la época de los obligados formatos preestablecidos, el poeta adaptaba su exaltación creativa a la forma que había escogido; es decir que, de las múltiples formas, escogía la que pudiese traducir su sentimiento con la mayor fidelidad posible. Hoy en día, con la irrupción del verso libre, es la forma la que se adapta al estado emocional del poeta, busca un ordenamiento propio para cada expresividad, logra una forma única para cada poema. Lo que nos lleva a sostener que la forma no es una consecuencia fortuita del acto creativo.

Para iniciar el análisis formal, diremos que el poema contiene una mezcla de versos endecasilábicos normales (5, 7, 9, 11, 13) derivados de la estructura de la silva; y, también, versos con extensión mayor a los alejandrinos (14 sílabas), que entran ya en el campo de los versículos endecasilábicos (así está definido por muchos filólogos actuales, aunque también podrían llamarse “versos compuestos imparisílabos” o, simplemente, “versos yuxtapuestos”). Se trata de versos largos que utilizan, a modo de encadenamiento, dos o más versos normales con acentos endecasilábicos (fundamentalmente en 4ª, 6ª, 8ª, y 10ª sílabas), con cesuras que, en ocasiones, gracias a las pistas que proporciona el poeta, son fáciles de detectar; y, en otras, estas cesuras deben ser descubiertas por el lector.
En este punto, antes de proseguir con nuestro análisis, quisiera abordar la diferencia rítmica que se presenta cuando comparamos un verso largo, por ejemplo un alejandrino, con dos heptasílabos. Como ejemplo, trascribimos los siguientes versos:

que las niñas bonitas pintan, de azul, el cielo (7+7alejandrino) o (9+5).

Está hartamente aceptado que el verso largo enlentece el ritmo, y que el corto lo aligera, lo vuelve más enérgico. Además, la pausa entre hemistiquios es mucho menos patente que la pausa versal, hecho que puede cambiar absolutamente la naturaleza semántica de un verso. De esta afirmación, se desprende la convicción de que cada poema requiere un tipo de verso, o una combinación de tipos de versos. Un poema exige su forma.
Veamos:

que las niñas bonitas
pintan, de azul, el cielo.

Antes que nada, creo que de esas comas, correctamente ubicadas por cierto, podrían, sin embargo, prescindirse, debido a la concisión de la cláusula, hecho que anula cualquier posibilidad de confusión semántica, y debido al hecho de que el verso sin comas se alejaría más de lo prosaico para volverse más poético (los signos ortográficos, si bien son necesarios en la poesía, son partículas o elementos más afines de la prosa. Yo puedo escribir un poema sin signos ortográficos, pero no puedo hacer prosa sin ellos).
Volviendo a nuestro ejemplo, el rápido tiempo de los heptasílabos se convierte en un recurso expresivo del sentimiento. Cambia la predisposición tonal. La entonación parece salir de una especie de modorra, de una serenidad pletórica en la que estaba sumergida en el verso alejandrino, y se vuelve agilidad, brevedad y energía. En esta estrofa, en particular, produce un cambio de aliento, una mayor vivacidad en la imagen. En cuánto a cuál de ellos le sienta mejor la savia semántica, yo diría que los heptasílabos, ya que todo el cuadro que se describe exalta el movimiento, la alegría de vivir, la incansable inquietud de la niñez. Sólo como un resumen de lo dicho, trascribo la estrofa tal como lo he imaginado:

Mi abuelo hizo a mi madre, de pequeña,
una fotografía comiendo fresas en el campo.
Estaba recostada sobre la hierba, sonreía,
y había árboles, grandes, a lo lejos.
El día parecía hermoso, sereno (ya se sabe
que las niñas bonitas
pintan de azul el cielo).
Es posible notar una diferencia rítmica importante entre las dos formas trascritas.

Seguidamente, luego de realizar una escansión (de carácter personal) de los versos, vemos ya claramente que el poema se ha forjado con versos “normales” (de cantidad de sílabas menores al del verso alejandrino),y versos endecasilábicos yuxtapuestos, de número de sílabas que supera al del alejandrino. Estos últimos son considerados como versículos por muchos estudiosos (versículo de ritmo endecasilábico que, a su vez, es considerado una de las formas del verso libre). Haremos el análisis de los versos cuya extensión sobrepase la del alejandrino.


Escanciado

Mi abuelo hizo a mi madre, de pequeña, (11)
una fotografía / comiendo fresas en el campo. (7+9)
-Estos hemistiquios son relativamente fáciles de determinar. Al ser más extenso que un endecasílabo, lo lógico es hacer la cesura del alejandrino; y, como lo que sigue es perfectamente sáfico, el efecto de la entonación es muy armónico.

Estaba recostada sobre la hierba, sonreía, (7+9)
-Aquí sucede lo mismo. Y se le suma el hecho de constituir un paralelismo métrico con el anterior.

y había árboles, grandes, a lo lejos. (11)
El día parecía hermoso, sereno (ya se sabe (9+7)
-En este versículo, sin embargo, se hace imperioso leer el primer hemistiquio como eneasílabo, por la fuerza de unidad que exigen la sinalefa y la coma.

que las niñas bonitas pintan, de azul, el cielo). (7+7) alejandrino

Mi abuelo en un segundo (7)
retuvo aquel momento para siempre. (11)

Ahora observo aquella foto (9)
(y el presente escudriña en el pasado...) (11)
Me fijo en esa niña, en esa imagen (¿cómo llamarle madre (11+7) o (7+5+7)
-Este versículo es complejo. Ciertamente, puede leerse de ambas formas, como dos o tres hemistiquios. La coma invita a entonarlo según la segunda opción.

a una chiquilla ajena / y tan lejos aún de mí?) / y reconstruyo (7+9+5)
-Creo que aquí es válido el argumento de seguimiento de las pautas que buscan el alejandrino. Además, se palpa una diferencia de sentido luego del primer hemistiquio.

a partir de esa tarde y aquel instante, una película (7+9) (7+5+5)
- La cláusula “a partir de esa tarde y aquel instante” se encuentra como ampliación insertada dentro de otra de sentido más amplio. Por cuya razón, la segunda opción es muy tentadora; más aún, si dicha cláusula va encerrada por comas:

a una chiquilla ajena y tan lejos aún de mí?); y reconstruyo,
a partir de esa tarde / y aquel instante, / una película (7+5+5)
con la historia lejana de su vida:
con la historia lejana de su vida: (11)
Megustanlasfresaspapá¿hesalidoguapa?mamáventengofrío
vamosacasaDespuéslaguerraelmiedoyelhambre
elfusilamientodelabueloyelexilioenFrancia
lacartilladeracionamientoyelregresoaEspaña
lajuventudlaescuelaeltrabajodemodistaylasamigas
elencuentroconmipadrelaprimeracitaelprimerbeso
labodalosviajesaMadridminacimientoyeldemihermana
LacasaenHaroyVitorialamuertedemipadrelavidadura
lamuertedelaabuelaylanuevacasa…
…hasta el día en el que hallo en un cajón (11)
la foto de una niña / que come fresas en el campo. (7+9)
-Este formato, que ya se ha hecho familiar en el poema, es casi natural entonarlo con esta cesura.

De esa chiquilla tengo, dicen, los ojos y la boca (7+9)
-Idem, según lo ya comentado.

y un poco de su aspecto melancólico. (11)
Y, cuando alguna vez, (7)
le pido que me hable de aquella época, sus ojos, primero, (6+11)
-En este versículo, sí, nos encontramos ante una secuencia rara. No encuentro una forma de ordenamiento satisfactoria. Quizás se merezca unos cambios por sinónimos.

le pido que me charle de aquella época; sus pupilas, primero, (11+7)

Esta es solamente una opinión personal (tal vez una manía perfeccionista, tal vez un error de lectura), que no tiene la intención de negar lo original. Es sólo a modo de ejemplo, una manera de defender la posibilidad el acto de corrección. Es sabido que en poesía existen las licencias, como también el respeto a la voluntad del autor.

se iluminan, después se apagan, y luego, pensativa, (9+7)
-Aquí nos topamos con un ordenamiento silábico ya conocido, y sin dificultades para la entonación.

me dice que recuerda sobre todo (11)
el amargo sabor de la posguerra. (11)

En ese tiempo yo era, simplemente, (11)
una imagen aún por revelar. (11)

Ella sabe (4)
Los versos de sílabas menores a los pentasílabos no inciden en el ritmo del poema.

que corre por mi sangre algo inabarcable de sí misma, (9+9)
-Este versículo se presenta complicado. Hay un pequeño chirrido, luego del heptasílabo. La palabra “algo”, debido a la sinalefa obligada, rompe la secuencia armónica. Yo he probado agregándole el artículo, y el resultado me resulta óptimo:

que corre por mi sangre un algo inabarcable de sí misma (9+9)

pero no sabe (5)
que yo tengo, desde ese día, (9)
un resto muy pequeño, pequeñísimo, (11)
un átomo, no más, de aquellas fresas, (11)
como un legado dulce de la vida, o la herencia de esa niña (11+8)
-Finalmente, en este versículo, también se produce un pequeño forzamiento silábico, ya que pide leerse la sinalefa luego de un verso (11) muy largo. Mi reflexión me dice que eliminando la conjunción "o", el ritmo se estabiliza y, creo que, al mismo tiempo, ganaría en mayor aliño gramatical.

como un legado dulce de la vida, la herencia de esa niña (11+7)
en mis entrañas. (5)


Estrofa onírica

Megustanlasfresaspapá¿hesalidoguapa?mamáventengofrío
vamosacasaDespuéslaguerraelmiedoyelhambre
elfusilamientodelabueloyelexilioenFrancia
lacartilladeracionamientoyelregresoaEspaña
lajuventudlaescuelaeltrabajodemodistaylasamigas
elencuentroconmipadrelaprimeracitaelprimerbeso
labodalosviajesaMadridminacimientoyeldemihermana
LacasaenHaroyVitorialamuertedemipadrelavidadura
lamuertedelaabuelaylanuevacasa…

Me gustan las fresas papá ¿he salido guapa? mamá ven tengo frío
vamos a casa Después la guerra el miedo y el hambre
el fusilamiento del abuelo y el exilio en Francia
la cartilla de racionamiento y el regreso a España
la juventud la escuela el trabajo de modista y las amigas
el encuentro con mi padre la primera cita el primer beso
la boda los viajes a Madrid mi nacimiento y el de mi hermana
La casa en Haro y Vitoria la muerte de mi padre la vida dura
la muerte de la abuela y la nueva casa…

Esta estrofa exhibe una visualización compleja y un ritmo intuitivo, casi caótico, de adrede, sin tener en cuenta la métrica. Logra, de esta manera, hacerlo más familiar al entorno de ensoñación, recurso que me resulta altamente positivo. Es como si fuese escrita con una especie de escritura automática, con la diferencia de que aquí no surgen imágenes crípticas del subconsciente. Aquí el automatismo se produce debido al atropello de los recuerdos por salir a la conciencia (como en los sueños). Sucede en secuencia rápida, con intervención casi vertiginosa de la razón. Este párrafo no está sujeto a ningún tipo de premeditación métrica, ni de acentuación. Es una sugestionada concatenación de ideas. Pero, sin duda alguna, el texto es poético, ya que, descifrándolo, nos encontramos con una gran sorpresa: el ritmo. En efecto, se ha creado un ritmo acorde con la intencionalidad semántica; pero, estoy convencido que este ritmo ha nacido intuitivamente, como un producto que fue materializándose en la medida que el poeta iba evacuando las ideas que le surgían del trance poético. Luego de percatarnos que la métrica es inadecuada para una entonación según este soporte, veamos las razones que han provocado el potente ritmo:

-Las rimas interiores asonantes. Es inmoderada, casi insolente, pero sirve para el fin de dulcificar el ritmo, para volverlo agradablemente onírico.
-Los paralelismos sintácticos. Abarca casi la totalidad del texto, con la utilización sin prejuicios de artículos.
-La repetición de vocablos: muerte, padre, casa. . .
- Las isotopías semánticas antagónicas: sufrimiento: frío, guerra, miedo, hambre, fusilamiento, exilio, racionamiento, vida dura, muerte.
placer: encuentro, cita, beso, nacimiento, boda, viaje.

Me gustan las fresas papá ¿he salido guapa? mamá ven tengo frío
vamos a casa Después la guerra el miedo y el hambre
el fusilamiento del abuelo y el exilio en Francia
la cartilla de racionamiento y el regreso a España
la juventud la escuela el trabajo de modista y las amigas
el encuentro con mi padre la primera cita el primer beso
la boda los viajes a Madrid mi nacimiento y el de mi hermana
La casa en Haro y Vitoria la muerte de mi padre la vida dura
la muerte de la abuela y la nueva casa

Rimas asonantes:
Cada color determina los tipos de asonantes.
Rojo = e-a
Verde = e-o
Negro = a-a
Y estos no son todos.

Así, pues, este interesante poema, consta de dos ritmos de naturalezas muy diferentes (lo cual enriquece la obra): el ritmo endecasilábico, y el ritmo de pensamiento intuitivo. Considero este hecho como un valioso aporte técnico poético. Un trabajo que merece relecturas y mayor estudio.




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